Si no fuera porque el Sol cuando sale nos reconforta consu calor y su luminosidad, animándonos a continuar, sería para decir a voz en grito: ¿Por favor, que paren el Planeta, por que quiero apearme!
¡Mas de cincuenta mujeres víctimas mortales de la violencia de género en España en el pasado año! ¡Cadena de interminable de atentados terroristas en Irak y Agfanistan! Guerra soterrada interminable entre Israel y Palestina! ¡Niños secuestrados y vendidos como esclavos, o enrolados en guerrillas en distintas partes del mundo! Y más... ya que siendo desolador el panorama , resulta que termina pareciéndose al cuento de nunca acabar.
Y esto amigo lector, es el mensaje mediático cotidiano y obligado que recibimos inermes , sin que tengamos la leve e inmediata posibilidad de evitarlo y sin que tan siquiera nos sintamos abocados a una pataleta.
Quizás a largo plazo entre todos sin excepción, repitiendo convencidos que esto es irresistible , que queremos de verdad desterrar el egoismo que deseamos acabar de una vez con la barbarie, creando lo que sería una alianza ciudadana de conciencia humanitaria -al modo de una multitud que desea transportar en su valija hasta completar millones y millones de diminutos granos de arena- el alto grado de convencimiento necesario para que los falsos o verdaderos mandantes mundiales y otros capitostes, resignen su poder, capitulen y gestionen por irrevocable mandato popular globalizado y solidario, un nivel de bienestar más equitativo y llevadero.
Porque lo que resulta claro, es que como apuntó en un tiempo un personaje contemporáneo nuestro, estamos en pleno ocaso de las ideologías, aunque a veces éstas se presenten ante el mundo, como una máscara para ocultar la ambición, el atropello, el despojo y hasta el crimen.
¿Cuantas veces bajo el señuelo dee la protección y la consecución de la paz, en pleno siglo XXI, los salvapatrias del llamado primer mundo, planean descaradamente como las aves de rapiña para dejarse caer sobre aquellos que poseen inexploradas riquezas? Casi siempre con la complicidad de la facción también interesada en el reparto del poder, por la explotación enmascarada y fraudulenta de la riqueza común injustammente expoliada.
Y ello, sin importar que corra sangre inocente y que tras la intervención surja el caos donde ya había precariedad.
Pues de no ser así ocurriría entonces que las chozas insalubres asentadas en pueblos y aldeas inmundas, perderían su razón de ser. Y los cayucos y pateras pasarían igualmente a ser piezas de museo, porque ya no serían como un híbrido entre transporte para navegación de altura y especie de ataud flotante. Para dejar de ser un continente de ilusiones siempre incumplidas y una caja sin fondo depositaria de enormes sacrificios pecuniarios.
Y en pleno sueño y como una especie de milagro, llegó el Dios de la equidad. Y se acabó el fenómeno emigración-inmigración porque todos y cada uno en sus lugares de orígen se sentirían satisfechos.
jueves, 14 de febrero de 2008
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