lunes, 7 de enero de 2008

¿POR QUE, NO SOÑAR DESPIERTO?

Si no fuera porque el Sol cuando sale nos reconforta con su calor y su lumonosidad, animándonos a continuar, sería para decir a voz en grito: ¡Por favor, que paren el planeta, porque quiero apearme!

¡Mas de cincuenta mujeres víctimas mortales de la violencia de género en España, en el año que acabo! ¡Cadena interminable de atentados terroristas por el mundo adelante! ¡Guerras fraticidas por doquier por motivos de intereses! !Niños secuestrados y vendidos como esclavos o enrolados en guerrillas! y más... ya que siendo desolador el panorama, acaba pareciéndose al cuento de nunca acabar.

Y éste, es el mensaje mediático cotidiano y obligado que recibimos inermes; sin tener la leve e inmediata posibilidad de evitarlo y sin que nos sintamos abocados a una pataleta.

Quizás si a largo plazo entre todos sin excepción fuéramos capaces de de repetir convencidos que ésto es insostenible, que queremos de verdad desterrar el egoísmo y el odio; que deseamos de una vez terminar con la barbarie, creando lo que sería una alianza ciudadana de conciencia humanitaria- al modo de una multitud portadora de infinitos granos de arena- hasta lograr el convencimiento necesario para que los diversos "mandantes" resignen su poder, capitulen y gestionen por irrevocable mandato popular, globalizado y solidario, un nivel de bienestar equitativo y llevadero.

Porque lo que resulta claro es que estamos en pleno ocaso de las ideologías, auque éstas se presenten ante el mundo, como máscara para oculttar la ambición, el atropello, el despojo e incluso el crimen.

¿Cuantas veces bajo el señuelo de la protección y la consecución de la paz, en pleno siglo XXI , los salpatrias planean descaradamente igual que aves de rapiña para dejarse caer sobre los poseedores de inexploradas riquezas? Casi siempre, con la complicidad de facciones interesadas en el reparto de poder, por la explotación enmascarada y fraudulenta de la la riqueza común injustamente expoliada.

Pues de no ser así, ocurriría que la pobreza y la precariedad perderían su razón de ser y las chabolas, los cayucos y las pateras pasarían a ser piezas de museo.

Y como un milagro, surgiría el Dios de la equidad, y todos nos sentiríamos satisfechos.

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