Indiferente el reloj marca las horas
ajeno a nuestras propias inquietudes.
Es la Navidad la que este día impulsa,
las frágiles y barrocas manecillas.
Quiere decirnos, nosotros aquí y tú ahí,
separados pero unidos por un mismo afán.
Ansia de amor fraternal y de cariño,
que en aras del viento sobrevolando el mar,
nos trae el ansiado y celestial mensaje.
¡Gloria a Dios en el cielo y sobre la tierra, paz!
viernes, 4 de enero de 2008
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