Eran las dos de la tarde del insólito y luminoso día 31 de diciembre y en el camino hacia casa me permití la licencia, imprudente desde luego, de atravesar la calle con el semáforo en rojo.
En ese momento coincidimos una señorita guapa y en edad de merecer, a la grupa de un coche de importante cilindrada y este octogenario jóven, disputándonos el paso.
Me acerqué a la ventanilla con ánimo de disculparme y tengo que decir que su talante no era el que yo esperaba.
Quizás no tuvo en cuenta la festividad de estos días propicios a la tolerancia, ni que yo con un poco de esfuerzo habría podido ser su abuelo.
Lo cierto es que me desconcerto su actitud sobrante de razón y carente de buena disposición y trato afable.
Antes de que me cerrara la ventanilla dando por zanjado el tema, solo pude decirle, que no hay conductores y peatones irreconciliables, que casi todos somos mitad conductores y mitad peatones y que ella unos minutos mas tarde se iba a convertir en "peatona" expuesta a cometer el mismo fallo que yo, posiblemente, dependiendo de la prisa o la circunstancia del momento.
Con la ventanilla ya cerrada, solo pude vocalizar: "Feliz Año y buen talante"
lunes, 31 de diciembre de 2007
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