viernes, 7 de diciembre de 2007

DONDE SE CUENTA LA HISTORIA DEL CLAVILEÑO DESBOCADO

En plena llanura manchega, teniendo por dosel el tachonado de estrellas y estando Don Quijote y su escudero sin más abrigoque el que le proporcionaba su harta fantasía, que de ella andaba bien cumplido y sin más luz que la proveniente del satélite en fase de luna llena, daba suelta al pensamiento; el cual como indómito corcel , saltábase las lindes de la aconsejada prudencia.

En algún momento sus juicios desatados, traspasaban los límites del sottovoce para dirigirse a Sancho reclamando su aquiescencia.

-Sancho, por un casual ¿te hallas en los brazos de Morfeo, o permaneces en vigilia para que tu amo y señor te haga pertícipe de la desazón que le cautiva?
Porque si bien es cierto que no es tiempo ya de mi pasado centenario, el cual finó hace años con la caida de la hoja última entre el Nadal y la Epifanía, no es menos cierto que mis ansias desfacedoras de entuertos y mi teórica y a mayor gloria sana filosofía, seguirán vigentes por los siglos de los siglos, amén.

-Lo cierto es mi señor -respondióle Sancho- que mi magin no se halla ni despierto ni dormido. Me explico; se hlla eso sí, igual que los canes perdigueros, mandando la órden a los ambos ojos, para que el uno cerrado y el otro abierto reciban el dictado de Vuesa Merced.

-Pues el caso es amigo Sancho -volvió a decir Don Quijote- que los fantasmas que esta noche pueblan mi cerebro, crean en mi ánimo tal desasosiego, que me impiden conciliar el sueño.
Los arreboles me van y me vienen y el sentimiento me provoca tal nudo en la garganta,que la saliva que ha de esperar su turno para alcanzar el adecuado camino , se atropella con el aire respirado, provocando mi atragantamiento.
Menos mal que las tinieblas de la noche propicias al sigilo y a la intimidad, tampoco dejan traslucir la sensación de verguenza que yo experimento y que s eguro comparto con otros mortales bien nacidos.

-¡Oh mi señor Don Quijote de la Mancha! -apostilló Sancho- muy importantes y graves deben ser los mensajes que del más allá recibe Vuesa merced, que hasta Rocinante y Rucio que apacentándose allá abajo en los matojos a la orilla del arroyo, muestran su desasosiego compitiendo entre relinchos y rebuznos , como si olvidando ambos sus diferencias de linaje, quisieran figurar sobresaliendo el uno más que el otro.

-Pues he de decirte Sancho amigo -volvió a decir Don Quijote- que en el colmo del delirio que atormenta mi imaginación, veo al jumento Clavileño montado por un absurdo y malhadado jinete que de la poca lisi de nombre se llama y de peor y más concreto apelativo responde al mote de "gazuza"; es decir, según el rico y sonoro idioma castellano, al expresivo y grave nombre de hambre, del que se deriva la triste condición de hambriento o hambrienta.

Y queriendo Sancho halagar a su señor quien descendía a su nivel con explicaciones esotéricas y harto difíciles para sus entenmdederas, dando un respingo en la oscuridad de la noche y media vuelta en el improvisado lecho terráneo, hablole así a Don Quijote:

-En verdad que no es mi amo, cosa fácil entender en cuestiones de carencias y de hambrunas, cuando la cincha que viene en sujetarme los calzones, se enriquece cada día con un agujero nuevo y cuando el pellejo del bajo vientre de apariencia oronda y grasienta, amenaza con reventar igual que un odre de vino.

-¡Bien dices Sancho amigo! Cuando se es como yo, seco de carnes, enjuto de rostro y según dicen mis biógrafos "aunque de recia complexión" la visión del clavileño desbocado, llevando por montura tan indeseado personaje, las cosas del caldero y del estómago se ven de otra manera.
Ello me subleva y me impulsa a revestirme la armadura, enarbolar mi lanza o empuñar la espada. Y ya montado, expolear a Rozinante ; aunque luego defraudado me acomode y me aposente sin que por ello, en mis adentros, deje de reconcomerme la insolidaridad y la injusticia.

Y continuó hablando Don Quijote como si en vez de su escudero Sancho, fuera la junta de bachilleres incluido el boticario, quienes atendieran a su parlamento.

-Y yo te digo ¡oh Sancho! para que me entiendas, que es muy difícil permanecer insensible ante tamaño desafuero y tan brutal injusticia. Injusticia esta del hambre, que por inconfesables y bajos designios y sin modo de vislumbrar el remedio , viene asolando al mal llamado tercero y hasta cuarto mundo de nuestros pecados.
Apunta pues Sancho hacia mi tus sucias y ennegrecidas orejas y escucha bien lo que estás oyendo:
Es muy fácil enfrentarse a los gigantes, o... a lo que Gustavo Doré y otros ilustradores digan, ya que se empecinanen que son molinos. Los ves; te acercas; mides las fuerzas con ellos. Y si pueden más que tú te derriban en un noble enfrentamiento, para volver más tarde a la desigual pelea...
Pero lo que en nuestro escepticismo, Sancho, nos provoca como una sensación de verguenza y asco a la vez, es la invisibilidad de los culpables y la impotencia nuestra al no poder ejercer la acción coercitiva, segun mandan los dictados de la caballería andante.

Y mientras ajeno a la fantástica meditación, Clavileño, con el siniestro jinete del hambre a su grupa, campea desbocado sobre la faz de la tierra; hasta que Don Quijote en su ensoñación, cree emprenderla a mandobles contra tal grotesca cabalgadura.

Sancho Panza, dando un salto casi ecuestre y poniéndose en pie, en la negrura de la noche, al ver a su señor fuera de sí, gritábale desaforado:

-¡Alto mi señor Don Quijote!
¡¡Que no es él, Clavileño, el culpable! Que a los equinos les pasa lo que a los escuderos; que hemos de obedecer, los unos a las mandas del señor y los otros, a los tirones del ronzal.
Modere mi señor sus ansias y piense de una vez por todas que en este caso las riendas, están en manos de la sinrazón.
Sinrazón que viene a ser, Vuesa merced, lo que unos llaman... imperialismo, otros...colonialismo, otros...economía de libre mercado... pero que en definitiva, solo es el mero olvido de los Derechos Humanos y de esa voz interior que solemos desoir y que y que nos dice:"...Amaras al prójimo como a ti mismo."

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