Corrían los años 59-60 del pasado siglo XX, cuando un pequeño grupo de apenas tres o cuatro docenas de esforzados quijotes solidarios, entre los que me encontraba, emprendían la tarea de implantar en España, la Prevencion y Seguridad en el Trabajo -hoy Salud Laboral- Y el campo de pruebas para ello, eran las Empresas Nacionales -ENCASO, ENDESA, ELCANO, BAZÁN y otras a lo largo del país, que podían permitirse el lujo de tener un técnico, dedicado en exclusiva a esta actividad.
A las nacionales o paraestatales, vinieron a sumarse otras que por sus condiciones de riesgo tenían necesidad de tales técnicos que garantizaran la seguridad de las instalaciones.
He de decir que el comienzo de nuestra actividad como técnicos fué muy precaria, por que los tiempos también lo eran y que por entonces influían además, muchos factores en contra. Había que vencer muchas resistencias pasivas, entre las que estaban las de los propios trabajadores que no daban crédito al hecho de que las empresas se preocuparan por ellos; que aceptaban malamente los medios de protección, por un falso concepto de "machismo", o simplemente por que se sentían oprimidos por el uso obligado de prendas nunca usadas, como lo eran los guantes, las gafas, casco o mascarilla, cuyo uso burlaban cuando no eran vigilados.
Por otro lado, los patronos, que en muchos casos eran los directores de distintas factorías o talleres, los cuales colaboraban si, con la Seguridad, pero... cuidando que ésta no afectara a la producción.
Podemos decir sin miedo a equivocarnos, que aquellos a los que yo llamo pioneros, eramos auténticos autodidactas. Nos hicimos cargo de un problema en el que se englobaba, la formación del personal, el conocimiento de las instalaciónes puestas a nuestro cargo, el manejo de aparatos de control y detección de riesgos, cuando aún la información era muy escasa y antes de que los Centros e Institutos de Seguridad Estatales repartidos por la geografía y la Mutuas de Accidentes inundaran de información bibliográfica el área de la prevención de Accidentes.
Tuvimos que valernos en principio, de catálogos comerciales algunos extranjeros, de textos si acaso, ajenos a nuestras propias carreras, del "boca a boca" entre colegas, hasta que pudimos disponer de la apuntada información reglada y debidamente catalogada.
Nuestro Libro-guia era la Ordenanza General de Seguridad e Higiene del Trabajo de marzo del 71 y nuestro directorio el Plan Nacional de Seguridad del año 74
Y nuestra obsesión, eran por entonces dos simples fórmulas: los indices de frecuencia y gravedad en los que se conjugaban el número de accidentes, en función de las horas trabajadas y de las jornadas perdidas.
Digamos para terminar, que éramos una especie de artesanos de la Seguridad. Cada cual tenía un teléfono de la Empresa en su mesilla de noche y cada accidente se vivía como algo íntimo y familiar; ello en un momento en que la población activa en España, se calculaba en 12 millones de trabajadores.
viernes, 16 de noviembre de 2007
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