domingo, 18 de noviembre de 2007

El Bosque

Hundir los pies en la hojarasca
y sentir su contacto muelle.
Percibir su peculiar olor,
mezcla de aromas inciertos.

La majestad de su ambiente,
agranda la nobleza del paisaje.
Poblado por un cortejo de sonidos,
consonantes con las estaciones.
En Estío, profusamente floral;
en Invierno, desnudo y austero.

El murmullo del agua cantarina...
el aletear de las aves en las ramas...
el crujir de los troncos desgajados...
el aire que atrevido traspasa su follaje...

El canto casi celestial de las aves y los pájaros.
El repetido golpe del hacha sobre el tronco,
del leñador que lejano, se afana en su trabajo.

Las voces que el eco reproduce,
acompañan al caminante que pulula,
solitario y extasiado por el lugar excelso,
inmerso, en su mistico e íntimo ambiente,
de paz e interior recogimiento.

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