Y ahí tenemos el dilema permanente y no resuelto de si existe o no, la Felicidad.
Naturalmente por aquello de que cada uno habla de la feria, según le va en ella, habrá quizás -yo lo dudo- algún recalcitrante que opine que la felicidad , si existe.
Este sería el caso figurado, por ejemplo, del personaje del cuento de mi infancia en el que se decía que para curar la melancolía del Rey de un apartado confín, había que vestirlo con "la camisa del hombre feliz".
Se buscó con denuedo por toda la extensión del Reino a este hombre, atendiendo a la fórmula prescrita por los sabios de la Corte, quienes pretendían curarle de su mal.
Había que hallar primero al hombre total e integramente feliz y luego pedirle su camisa.
La misión que no era fácil, quedó inconclusa en cuanto se halló por fin al hombre; el cual por ser tan pobre, no tenía ni camisa.
Pues bien; si exceptuamos a este feliz mortal, yo me atrevo a segurar que la felicidad no existe.
Existen, eso si, momentos de felicidad en la vida, a los cuales nos asimos, igual que el náufrago lo hace , aferrándose a la tabla de salvación que flota a su alcance.
La mente humana que está sin duda en un estadio superior a la fuerza de la voluntad, tiende a desechar los malos recuerdos y a recrearse en la evocación de los buenos. Recuerdos que pueden verse enriquecidos por la propia fantasía y que nos complacemos en revivir, rebobinando la "moviola".
Solemos decir: "la vida continúa"y para que esto sea así, hemos de soltar el lastre innecesario y despejar el camino, desbrozándolo de la maleza que precisamente impide el acceso a la felicidad soñada, aunque inalcanzable.
lunes, 26 de noviembre de 2007
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